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Opinión del cliente

Revisado en España el 10 de enero de 2021
No sé ni por dónde empezar. ¿Cómo resumir en unas pocas líneas la impresión que me ha causado un trabajo tan monumental como “Los enemigos del comercio”? Es como intentar resumir en un par de párrafos El Quijote o hacer una sinopsis de La Ilíada en tres renglones. Cualquier resumen rinde un pobre tributo a una obra extensa, y tanto más pobre cuanto mayor es la desproporción entre la amplitud de la obra original y la compresión de la síntesis.

Empecemos por el hecho de que la lectura de la obra completa, los tres tomos, más de dos mil páginas, me ha llevado tres meses. Leyendo cada día entre media y una hora, tomando notas, analizando, consultando referencias, releyendo algunos pasajes. Empapándome del espíritu enciclopédico y meticuloso de Escohotado, sin dar concesiones a lo que ya creíamos sabido. No es una obra para leer en largas sentadas, durante horas. Hay que meditar sobre lo que se lee. Por eso tres meses de lectura discontinua para un estudio que ocupó tres lustros de trabajo intensivo a su autor. Tampoco está mal la desproporción. Ha sido quizá la mejor inversión de mi tiempo en el año del coronavirus.

Antes de emprender la lectura vi todos los vídeos que pude de Escohotado sobre el tema. Tiene unos cuantos en Youtube. Son muy sugestivos e invitan a meterse en el asunto. Y no me defraudaron. En formato de conferencia, lógicamente, se pierde mucha información, incluso se pierde bastante orden, pero se gana en vivacidad, en presencia. De repente es una historia más humana que nos hace repensar cosas que creíamos que ya sabíamos. Dice el autor que no entiende a las personas que declaran que no van a cambiar de opinión sobre un tema, como si ya lo supieran todo sobre él. En particular sobre cuestiones políticas. Antonio Escohotado afirma, en cambio, que lee para cambiar de opinión, porque si después de la lectura sigue pensando lo mismo que antes de ella, entonces no ha aprendido nada nuevo y ha perdido el tiempo. Es un punto de vista de una honestidad intelectual irreprochable. Pocos son los que, metidos en años, mantienen flexible su pensamiento a medida que el cuerpo se va rigidizando.

¿De qué va Los Enemigos del Comercio? De algo muy simple que todos hemos pensado alguna vez. Cojamos una manzana y meditemos sobre ella un momento. Un bien que deseamos pero que no hemos producido por nosotros mismos. ¿Cómo ha llegado hasta nuestro poder? Es evidente que hay alguien que se ha tomado la molestia de cultivarla. Cuando el agricultor la recoge, ya tenemos la manzana, pero todavía no está a nuestro alcance. Para que la manzana llegue hasta nuestra mano, alguien tiene que encargarse de comprarla en origen, transportarla, almacenarla y distribuirla. En la última fase del proceso, nos la vende. Esa es la tarea del comercio. La manzana no cambia. Aparentemente es la misma que alguien cogió del árbol después de cultivarla.
Aparentemente el comercio no ha aportado nada al bien original, pues el comercio no cultiva manzanas, sólo las distribuye. Pero esa tarea del comercio, tantas veces denostado, es fundamental en la sociedad de hoy y también en las sociedades del ayer, porque muy pocos van a comprar la manzana a su productor. Vamos al mercado, al comercio o al supermercado. Y vamos ahí porque es lo más conveniente para nosotros.

A lo largo de la historia ha habido múltiples individuos que han tenido la idea de que el comercio no aporta nada. No sólo eso, sino que el comerciante se queda con una parte demasiado grande de lo que pagamos por los bienes que compramos. Todos lo hemos pensado alguna vez. Que tras la producción inicial de los bienes, casi todo es superfluo. Y que el dinero, que es básico para facilitar el comercio, es un invento malvado que sólo sirve para que el poder vaya a las manos equivocadas. Al final, en casos extremos, que la propiedad privada en sí es un crimen. Por lo menos que es un crimen la propiedad privada excesiva (sin precisar demasiado qué es excesivo). Nada sorprendentemente, los que así han teorizado nunca fueron comerciantes. Tampoco sorprende saber que la mayor parte de ellos tampoco fueron trabajadores manuales. Algunas sociedades intentaron llevar estas teorías a la práctica y eliminaron el dinero, o la propiedad privada, o el comercio, o todos ellos. Los resultados siempre fueron desastrosos. El todavía reciente colapso de los países comunistas del Este de Europa aún nos recuerda los riesgos de los planteamientos fundamentalistas sobre la propiedad privada, el comercio y el poder del estado. Por desgracia esa experiencia ya está empezando a olvidarse. Pronto, la mitad de los votantes de la UE habrán nacido después de la caída de la URSS y sus jóvenes oídos no estarán suficientemente prevenidos contra los cantos de sirena sobre las maravillas de las sociedades colectivizadas. Ya hemos vuelto a ese punto.

El recorrido histórico de Escohotado, buscando el origen de tales pensamientos, le lleva hasta Platón y su república, pero la primera realización práctica de una sociedad sin dinero y sin comercio la encuentra en la secta de los esenios, en el desierto de Jordania, allá por el siglo I antes de Cristo. El Sermón de la Montaña de Jesucristo, sea histórico o sea una invención posterior, se convierte en la referencia futura del pensamiento pobrista y del rechazo del comercio. Se bendice al pobre, se rechazan los bienes mundanos y se condena el comercio. No es algo nuevo, es una continuación de las ideas de los esenios, pero con la expansión del cristianismo, desde el púlpito que le proporciona el imperio romano, cobra una fuerza alegórica inusitada y de largo alcance.

Los siglos transcurridos durante estos dos milenios conocen múltiples intentos de lograr sociedades más justas por la vía de prohibir, bien el comercio, bien la propiedad privada o bien el dinero. O todos ellos, pues están ligados entre sí. Escohotado analiza uno por uno esos experimentos, cómo nacen y cómo mueren. También se analizan las condiciones económicas y sociales de cada época y el modo en que se vio afectada la vida privada por la menor o mayor permisividad de la sociedad con el dinero y el comercio. Se sugiere que el trabajo gratuito de los esclavos fue una de las causas de la caída del imperio romano, que la prohibición práctica del comercio causó el período más negro de la historia europea, la Alta Edad Media, mientras el mundo islámico brillaba con luz propia, el inesperado valor económico de las reliquias de los santos, la importancia de las cruzadas en las relaciones comerciales, la sagacidad de los templarios inventando las letras de cambio, el por qué los judíos se especializaron en los préstamos bancarios, las bancarrotas sucesivas de los imperios, empezando por el español, el surgimiento de las teorías económicas con la Ilustración y un largo etcétera. El curso de la Revolución Francesa es aleccionador, pues las masacres que causó son indisolubles del fundamentalismo que mostraron sus líderes. Algo que se repetiría muchas veces en los dos siglos siguientes.

El primer tomo, quizás el más interesante por los datos históricos que aporta y por lo sorprendentes que llegan a ser algunos de ellos, llega hasta la Revolución Francesa. Es también el más fácil de leer. El segundo tomo llega hasta la revolución rusa de 1917 y su interés radica en que fue el siglo en que se gestaron los escritos de Karl Marx, que tanta influencia ha tenido posteriormente, aunque también es muy interesante conocer la relación entre las consecutivas revueltas francesas y la gestación de las comunas americanas, menos conocidas que los experimentos comunistas por países enteros. El tercer tomo abarca el siglo XX, llegando hasta mayo del 68 y sus reverdeceres posteriores, aunque la última época de un modo ya más somero. Poco se menciona desde la caída de la URSS hasta el presente, a pesar de que el resurgir de los partidos colectivistas sea un tema de lo más interesante. Pero el libro de Escohotado es un libro de historia y lo que ocurra en el presente tendrá que ser contado en los libros de historia que se escriban en el futuro.

Es una obra fácil de leer, el lenguaje es muy accesible y la exposición de las ideas es clara. Un libro muy recomendable para aquellos a quienes interese la historia económica y no se conformen con lo que el discurso imperante nos ha vendido desde pequeños. Porque, extrañamente, el capitalismo es quien da de comer al mundo, pero tiene mala prensa. El socialismo se ha estrellado numerosas veces con la realidad, pero goza en cambio de una imagen mucho mejor que la del capitalismo. Cuando menos es chocante, si no sospechoso. El colectivismo tiene una historia plagada de fracasos, de hambrunas y de masacres. Es mejor informarse previamente y saber lo que nos puede proporcionar un nuevo intento. Como dice el refrán, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Los sucesivos experimentos de rechazo al comercio forman una buena parte de ese pavimento.
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