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Revisado en España el 20 de junio de 2015
Yo no puedo ser imparcial con Fernando Gamboa. Todo lo que leo de él me gusta. No sé si será su forma de narrar, su humor, sus diálogos… Creo que todo ello junto. Él le da un toque personal, un estilo propio que no deja indiferente.
En este caso nos relata una pequeña novela ambientada en una época real, entremezclando personajes de ficción, Alex Riley y Joaquín Alcántara, el entrañable Jack, protagonistas también de su otra novela, “Capitán Riley”, con otros históricos, como el escritor Ernest Hemingway, la periodista y escritora Martha Gellhorn y el comandante Robert Merriman. También aparece en un cameo Robert Capa, el famoso corresponsal gráfico de guerra y fotoperiodista húngaro.
A los dos primeros los conocía. Y al último también. Imposible no saber de Hemingway y de que estuvo en España, en la Guerra Civil, trabajando como corresponsal y cuya novela “Por quién doblan las campanas” – de la que luego Sam Wood, en 1943, haría una película, con Gary Cooper e Ingrid Bergman en los papeles principales– está inspirada en dicha contienda. Y hay alguna curiosidad más que nos revela Gamboa en las páginas finales del libro y de las que no tenía ni idea. Y Martha Gellhorn, además de ser la tercera esposa de Hemingway, fue una de las más prestigiosas corresponsales de guerra del siglo XX. Pero no solo eso, fue una mujer valiente y decidida. Tiene cierto protagonismo en “Tierra de nadie”, bastante protagonismo diría yo. Empieza la narración con una Carta que dirigió a Eleanor Roosvelt y que hoy en día incluso hace pensar.
De lo que no sabía nada era de la existencia del Comandante Robert Merriman, del Batallón Lincoln, al que pertenecen Alex y Jack. Y lógicamente tiene un papel importante en la novela, al fin y al cabo fue el encargado de tomar el pueblo de Belchite. Pero dejémonos de documentación, porque para eso ya lo ha hecho Fernando, y muy bien por cierto. Es algo que me gusta mucho en él. Siempre se aprenden cosas nuevas con sus libros y lleva a investigar sobre temas interesantes que, en muchos casos, desconocía.
Centrándome en el libro en sí, los primeros capítulos ya indican que va a ser una aventura distinta. Los diálogos entre Alex y Jack son geniales, están llenos de humor e ironía y se siente la verdadera camaradería que hay entre ellos. Despiertan una sonrisa incluso en situaciones tensas, que las hay. Da gusto “escucharles”. Y destacar también los líos en los que se mete Alex, y por consiguiente Jack, por hablar a destiempo. A veces yo misma pensaba si no se podía estar calladito. Pero claro, si fuera así, no sería Alex Riley, sería otra persona.
Aparte de todo esto, la aventura es muy original. Con situaciones un poco “extrañas” en algunos momentos que nuestros héroes van resolviendo poco a poco con su característico sello personal.
En fin, la pena es que se terminó y ahora nos deja con la miel en los labios hasta que saque el siguiente libro para continuar con las andanzas de Alex y Jack. Seguro que en la próxima también se meten en algún embrollo. Gracias a Fernando Gamboa por escribirlo. Y solo decirle, de nuevo, que no se demore mucho. La espera se hace larga.
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